Obesidad y Fertilidad

Se calcula que un 17% de la población española presenta obesidad, (IMC, índice de masa corporal mayor de 30Kg/m2).

La obesidad tiene un impacto negativo en la capacidad fértil de la mujer. El tiempo hasta conseguir gestación aumenta de forma proporcional al aumento del  IMC.

La obesidad puede provocar trastornos de la ovulación, llegando en algunos casos a ocasionar anovulación, alteraciones a nivel del óvulo, del embrión y sobre la receptividad del endometrio.

La obesidad en el varón también se relaciona con dificultad para la concepción

En muchos casos ambos miembros de la pareja presentan sobrepeso u obesidad. Según un trabajo recientemente publicado por Sundaram que incluía un total de 501 parejas que deseaban gestación, el tiempo transcurrido hasta la concepción era máximo cuando ambos progenitores presentaban un IMC mayor de 35. Reduciéndose su capacidad para conseguir gestación en un 60% con respecto a las parejas con normopeso.

Muchas de estas mujeres con obesidad han de recurrir a técnicas de reproducción asistida para poder gestar. Los protocolos de estimulación de la ovulación en ellas requieren dosis más altas de hormonas y la respuesta ovárica a la estimulación es peor a mayor IMC.

Los resultados son más desfavorables a mayor afectación endocrina y metabólica, en especial en pacientes con anovulación y distribución central de la grasa corporal.

Se calcula que pacientes con IMC mayor de 30 presentan una probabilidad de gestación 30% menor tras TRA (Técnicas de Reproducción Asistida) y en mujeres con IMC superior al 35 la probabilidad de gestación tras TRA se reduce en un 50%.

Parece que la obesidad produce cambios en el microambiente endometrial a nivel de citokinas, quemokinas y otros factores relacionados con la implantación del embrión, que inducen a su vez cambios a nivel de genes relacionados con la receptividad del tejido endometrial; de hecho las mujeres receptoras de embriones procedentes de óvulos donados por donantes sanas con normopeso presentan tasas de gestación y recién nacido vivo más bajas que las receptoras con normopeso.

La obesidad materna también influye en la salud del recién nacido

Los hijos de madres obesas presentan con mayor frecuencia hipertensión, alteraciones lipídicas, resistencia a la insulina, mayor prevalencia de grasa de distribución central…

Parece que la obesidad condiciona cambios en la expresión del genoma en el embrión y en el feto, a través de modificaciones epigenéticas que son responsables del aumento del riesgo para determinadas enfermedades.

El peso elevado al inicio de la gestación tiene un mayor impacto negativo sobre el recién nacido que el aumento ponderal a lo largo del embarazo,  pues el primer trimestre, es más sensible a modificaciones ambientales con una influencia directa  en la fase de organogénesis.

Se relaciona con mayor riesgo cardiovascular y obesidad en la edad adulta

También se ha relacionado la obesidad materna con otras enfermedades no metabólicas, se ha visto mayor riesgo de cáncer de mama, hígado y colorrectal en los hijos de madres obesas. Además de mayor riesgo de osteoporosis.

Algunos estudios hablan de mayor incidencia de alteraciones en el neurodesarrollo con mayor prevalencia de hiperactividad, trastornos del espectro autista, anorexia bulimia, y trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia.

Parece que la inflamación crónica presente en estas mujeres y el estres oxidativo resultante estarían relacionados con este tipo de trastornos.

Se ha visto también que hay mas riesgo de patología de la línea media (defectos de cierre de la pared abdominal, espina bífida).

Se recomienda por ello, en estas mujeres, un adecuado aporte de ácido fólico 4-5 mg.

Considerando todo esto, la primera recomendación en el caso de esta mujeres para mejorar no solo su fertilidad sino la salud de sus hijos, es establecer pautas adecuadas de estilo de vida con un abordaje multidisciplinar y seguimiento frecuente, encaminadas a  reducir peso de forma eficaz.